martes, 20 de mayo de 2014

diferencia entre voto nulo y voto en blanco.


Voto en blanco
Aunque parezca baladí, hay que decir que el voto en blanco en el Estado español es votar introduciendo un sobre vacío (no me machaquéis, nadie tiene la obligación de saberlo, y de hecho, y eso honra a quien lo hace: lo han preguntado).
El voto en blanco es considerado un voto válido y por tanto computable para el escrutinio. Lógicamente también es computable para las estadísticas de participación.
¿Beneficia o perjudica a alguien directamente?
A mayor número de votos en blanco, mayores son los requisitos (en cantidad de votos necesarios) para que los partidos minoritarios alcancen el 3% exigido por Ley para lograr representatividad.
También afecta a los partidos pequeños que sí logran alcanzar ese 3%, porque aumenta el número de votos necesarios para conseguir cada escaño, especialmente con un sistema como el D’Hondt que es el aplicado en España.
Voto nulo
Es voto nulo en el Estado español todo aquel voto que contenga en el sobre algo diferente a una única papeleta electoral o nada. Por aclararlo, si quieres votar nulo, mete dos papeletas en el sobre, o una loncha de chorizo, o un dibujo, o cualquier cosa que no sea una única papeleta válida.
El voto nulo es considerado un voto “no válido” y por tanto no es computable para el escrutinio. Sí computa en las estadísticas de participación.
¿Beneficia o perjudica a alguien directamente?
La única repercusión que tiene este voto es a nivel estadístico de participación.
Abstención
La abstención es únicamente el acto de no votar, de no participar con el voto.
Es computable en la estadísticas como abstención: “no participación”.
¿Beneficia o perjudica a alguien directamente?
No tiene influencia en el resultado de los comicios.
Hasta aquí los hechos. Ahora las interpretaciones.
Encontramos opiniones para todos los gustos, y todas son respetables.
Hay quien defiende la validez reflexiva y cívica del voto en blanco, y critica tanto el voto nulo como la abstención. La lógica dicta pensar que el voto en blanco es la opción de las personas que defienden el sistema (participando en él, como también lo hacen los incondicionales del voto nulo), pero mandando un mensaje claro de aversión a las opciones existentes. Sus partidarios críticos respaldan esta práctica haciendo una diferenciación con el voto nulo, pues este último no es distinguible en las estadísticas de un defecto de forma. A esto habría que decir que tampoco lo es el voto en blanco, y que como en todas las opciones la interpretación dependerá siempre de la diferencia estadística por comparación. Si una tendencia histórica nos muestra un 1X y de repente se convierte en 4X, ya no hace falta interpretar nada, porque la interpretación viene dada.
Con la abstención ocurre exactamente lo mismo, pues en condiciones de estabilidad en las proporciones estadísticas tradicionales no es posible distinguir al “abstencionista de protesta” con el apático o desvinculado, pero sabemos que una variación extrema lleva el mensaje en sí misma.
Todo indica que nos encontramos en uno de esos momentos excepcionales. Ahora deberíamos preguntarnos qué queremos hacer.
El momento es excepcional para la abstención, y no para el voto blanco o nulo. Llevamos mucho tiempo buscando algo que tengamos en común y que nos una: ya lo tenemos. No es mucho, desde luego; pero puede dar paso a un movimiento que hasta ahora se hacía impensable. Podemos por tanto unirnos a algo que ya va a ser sonado, o limitar su efectividad (una efectividad que sí tendrá) votando en blanco o nulo, y perjudicando así, además, aunque no tenga demasiada importancia, a los partidos minoritarios.

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